sábado, 12 de fevereiro de 2011

La cuarta dimensión



La cuarta dimensión

Por el Dr. H. Spencer Lewis, F.R.C.

¿Será la explicación de la existencia del mundo invisible e intangible?

La mayor parte de los estu­diantes de metafísica y de ocultismo, tarde o tem­prano, llega a intere­sarse en la posibilidad de la existencia de una cuarta dimensión; cuan­do este interés se des­pierta, se convierten ellos en investigadores entusiastas que bus­can mayores conocimientos con res­pecto a esta dimensión. 

Sin embargo, de mis muchas entrevistas con diferen­tes estudiantes, he llegado a la conclu­sión de que el interés en este asunto desarrolla en cada estudiante un con­cepto muy elevado de la índole mara­villosa de la cuarta dimensión. En ese estudiante, la sola idea de esta dimensión va  desarrollando  y revelando gradualmente un mundo grande y mis­terioso que él no ha podido comprender.

A medida que el estudiante con­tinúa sus meditaciones y análisis del asunto, se va desarrollando en él, por extraño que parezca, una admiración todavía mayor por la naturaleza y manifestación de esta cuarta dimensión, y parece que la uniera a las otras tres
para representar los cuatro grandes métodos fundamentales para analizar la existencia de las cosas de este mundo.

Sin embargo, rara vez comprende semejante estudiante que al concebir las cuatro dimensiones está en realidad comprendiendo dos grandes símbolos de la ley Cósmica: el triángulo y el cua­drado. El triángulo representa las tres dimensiones que nos son familiares; a saber: largo, ancho y profundidad. Esta trinidad de dimensiones, enseñada a nuestra conciencia objetiva desde la in­fancia y a través de toda la vida, se convierte en la vara de medir de nues­tra  comprensión  objetiva.  Es  sólo cuando el individuo se interesa en asun­tos místicos u ocultos cuando llega a comprender que hay una cuarta di­mensión. Desde este momento, él cam­bia su triángulo de medidas por un cuadrado, porque entonces dispone de cuatro dimensiones para su conside­ración, en lugar de tres.

Desgraciadamente, al cambiar el es­tudiante el triángulo por el cuadrado, convierte las cuatro dimensiones en una nueva norma o unidad de medida, para juzgar y medir las manifestaciones del universo entero. Al proceder así, limita él su habilidad para analizar las cosas que lo rodean y se engaña porque cierra los ojos y la conciencia a una porción considerable de cuanto existe.

En nuestra infancia y juventud se nos enseña algo que al ser adultos se convierte en una ley para nosotros; a saber: que todo aquello que no podemos ver o sentir o gustar o medir por medio de las tres dimensiones, no existe. Esta creencia constituye la formación mate­rial y objetiva de nuestras experiencias humanas. Según semejante norma, el alma no existiría, ni existiría la con­ciencia, ni la energía divina, ni el es­píritu universal; y en realidad parecería que no existiera el Dios del universo, ya que todas esas cosas, incluyendo la mayor de todas, no pueden medirse con las tres dimensiones. Es esto lo que ha dado origen en el mundo a la con­ciencia materialista de los seres hu­manos, tan universal y extendida. Esta es la causa de la duda y de la falta de fe que existen con respecto a cues­tiones religiosas, a cuestiones místicas y a todos los principios metafísicos, lo mismo que a todas las leyes ocultas.

Al agregar una cuarta dimensión a nuestro concepto de vida, no cambiamos mayormente el punto de vista mate­rialista, si es que lo cambiamos en algo. He hablado con centenares de personas de ideas materialistas, quienes admiten la comprensión y la posible existencia de una cuarta dimensión, pero todavía se atienen a la idea de que, a menos que una cosa pueda ser medida por las cuatro dimensiones, no existe, ni tiene sitio en nuestra conciencia como cosa efectiva.

Esas personas son, en realidad, funda­mentalmente materialistas, que miden y calibran todas las cosas por medio de las tres dimensiones materialistas de largo, ancho y profundidad,  agre­gando una cualidad a estas cosas, gra­cias a la consideración de la cuarta dimensión.

La Gran Lección


Sin embargo, la gran lección que tienen que aprender los estudiantes de misticismo y ocultismo, es que el trián­gulo de las tres dimensiones es un concepto independiente y separado, y que el cuarto punto, que constituye el cuadrado, es la idea de la cuarta dimensión, y se la considera simplemente como una dimensión más, añadida a las otras tres para que el análisis de las cosas sea más completo. Esas personas son incapaces de juzgar debidamente las cosas más sutiles y misteriosas de la vida.

El procedimiento correcto es recordar que de la misma manera que podemos agregar una dimensión más a las tres fundamentales, para formar así cuatro dimensiones, también podemos quitar tres de ellas a las cuatro, y dejar en­tonces una sola dimensión.

Dicho de otro modo, en vez de pensar siempre con las cuatro dimensiones, podríamos pensar que las tres primeras constituyen un grupo y la cuarta di­mensión constituye una manifestación separada de la ley natural.

El primer grupo de tres dimensiones corresponde  al  mundo material  y forma parte de nuestra conciencia ma­terialista. La cuarta dimensión debe ser considerada como una ley de la naturaleza, separada y distinta, que no está relacionada de ningún modo con las otras tres dimensiones. Y de la misma manera que podemos agregar esta cuarta dimensión a las otras tres o dejar de tomarla en cuenta, si así queremos, así también podemos dejar de tomar en cuenta las tres dimensiones y juzgar todas las cosas tomando como única base la sola dimensión que llama­mos la cuarta.

La Dimensión Cósmica


Si fuéramos a elegir un nombre más apropiado para la cuarta dimensión, yo la llamaría la dimensión Cósmica y llamaría a las otras tres, las dimen­siones mundanas.  Al considerar las cosas, de una manera general, sería razonable examinarlas desde ambos puntos de vista, el materialista y el Cósmico. Es esto lo que el estudiante de ocultismo y de metafísica hace.

Parecería razonable y lógico hacerlo, pero en realidad, es esto un grave error que cierra la puerta de nuestra con­ciencia a la consideración verdadera de las cosas, tal como ellas son.

Para explicar claramente lo que quiero decir, supongamos que las tres dimensiones de largo, ancho y profundi­dad son las dimensiones que nos da nuestro cuerpo humano.  Y digamos que la cuarta dimensión es la que pone un alma en nuestros cuerpos y hace que nuestros cuerpos vivan y tengan ener­gías vitales. El materialista cree solamente en las tres dimensiones y dice que el hombre es solamente un cuerpo físico. El estudiante de metafísica y de ocultismo, que no piensa mucho, dice al materialista que está equivocado y que la cuarta dimensión o sea el alma, debe agregarse al cuerpo para tener un concepto perfecto de lo que es el hom­bre.

Semejante estudiante cree que es únicamente por la unión del alma y el cuerpo, como tenemos evidencia o prueba de la existencia de las cosas vivientes.

Pero de la misma manera en que podemos tener un cuerpo de tres di­mensiones sin alma, así también pode­mos tener un alma como si fuera una cuarta dimensión, sin cuerpo alguno.
Los estudiantes de mística general­mente aceptan el cuerpo y el alma como dos entidades separadas, y que pueden separarse o unirse, pero cuando se trata de estudiar las dimensiones, estos mis­mos estudiantes parece que pensaran que la cuarta dimensión debe agregarse siempre a las otras tres y que la única manera de estudiar y analizar la exis­tencia de las cosas de este mundo, es considerarlas por medio de las normas de medida de las cuatro dimensiones, todas juntas.

Ahora bien, quiero decir a esos estu­diantes que el verdadero concepto mís­tico de las cosas es ignorar las primeras tres dimensiones y verlo todo desde el punto de vista de la cuarta dimensión únicamente. ¿Qué nos dan las pri­meras tres dimensiones que sea de al­guna importancia? Largo, ancho y pro­fundidad son términos materialistas. Ellos miden el tiempo y el espacio y nada más. Ellos sólo tienen que ver con la materia y con su comprensión objetiva. El tiempo y el espacio son cosas puramente imaginarias que no tienen lugar en la comprensión cósmica y que están completamente más allá de toda dimensión, desde el punto de vista cósmico.

Punto de Vista Cósmico


Desde el momento en que considera­mos las cosas desde el punto de vista cósmico, el tiempo y el espacio quedan eliminados. Si eliminamos el tiempo y el espacio, eliminamos también la anchura, la profundidad y la altura. El largo o la longitud de una cosa es el espacio que ocupa. Lo mismo sucede con la anchura y la profundidad.

Son, o la extensión que ocupan en el espacio, o el tiempo que ocupan en nuestra consideración de ellas. Si no tuviéramos concepto de tiempo y es­pacio, nunca tendríamos concepto de las primeras tres dimensiones. Pero con la cuarta dimensión todo es diferente. La cuarta dimensión se relaciona con la naturaleza de las cosas y con su ver­dadera existencia cósmica, indepen­dientemente de sus cualidades materialistas, tales como longitud, anchura y profundidad.

En el mundo cósmico todo existe a causa de la cuarta dimensión. En el plano de la tierra, la cuarta dimensión es la causa de la naturaleza de las cosas, mientras que las otras tres dimensiones son la causa de la visibilidad objetiva de las cosas.

En la Cuarta Dimensión

Si pasamos a examinar la posibilidad de las leyes de la cuarta dimensión, in­mediatamente vemos que las cosas pue­den existir en este universo sin tener longitud,  anchura,  ni  profundidad. Tales cosas, entonces, tendrían toda la naturaleza que la cuarta dimensión les diera, pero serían invisibles a nuestros ojos e inconmensurables por cualquiera unidad materialista. Por lo tanto, vemos que la cuarta dimensión nos ayuda a comprender y a apreciar el gran mundo invisible e intangible.

Si el hombre se despojara súbitamente de las primeras tres dimensiones y viviera únicamente en la cuarta, seria invisible para el ojo objetivo y seria intangible para los sentidos objetivos. No solamente nos sería imposible verlo, sino que tampoco podríamos tocarlo, ni sentirlo, ni palparlo. Semejante persona no estaría en algún estado mental extraño, sino sim­plemente, poseería un estado espiritual inusitado.

Mientras ustedes leen estas considera­ciones en esta revista, pudiera estar de pie junto a ustedes, o detrás de ustedes un ser humano de la cuarta dimensión. Semejante  ser  humano  tendría  la naturaleza que la cuarta dimensión da a nuestro cuerpo físico, pero esa per­sona no tendría la manifestación de las otras tres dimensiones: largo, ancho y grueso. Por lo tanto, ustedes no verían a esta otra persona, ni la sentirían, ni sabrían que está allí, excepto por medio de algún sentido psíquico.  Al com­prender esto, comprenderemos también que todo espacio que nos rodea y aún el espacio muy limitado de nuestro cuarto, en el cual vivimos, de nuestras oficinas, y nuestros automóviles y vehí­culos, pueden estar llenos de manifes­taciones de la naturaleza de la cuarta dimensión, sin que sepamos nada de ellas, sin que oigamos nada de ellas, ni veamos nada de ellas.

Es solamente cuando la esencia y el espíritu de la cuarta dimensión toman en sí mismos las otras tres dimensiones, cuando las cosas se hacen objetivamente visibles. Para la mente objetiva del hombre, es necesario que las otras tres dimensiones objetivas sean agregadas a la cuarta, para que sea posible ver y medir y comprender las cosas. Pero el hombre necesita desarrollar sus sentidos psíquicos y sus cualidades psíquicas hasta el grado en que pueda sentir las manifestaciones de la cuarta dimensión, aún en ausencia de las otras tres dimensiones.

Esto es precisamente lo que sucede cuando el estudiante de ocultismo y de mística se refiere a muchas cosas i­nvisibles e intangibles, diciendo que tiene contactos con ellas de vez en cuando y que las siente. Esta él en armonía con la cuarta dimensión y está completa­mente independiente de las otras tres dimensiones. Si desde este mismo día, procedéis a ignorar la necesidad de tomar en cuenta las tres dimensiones y a comprender que sólo la cuarta dimensión es la que manifiesta real y efectiva­mente la naturaleza verdadera de las cosas, hallaréis que el mundo puede estar lleno de criaturas, de cosas vivientes, de plantas y árboles, flores y otras cosas, que son desconocidas de todos aquellos que se atienen rígidamente a la consideración de las dimen­siones primeras, tal como se ha dicho anteriormente.

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